Se levantó temprano, antes de que sonara la alarma, aquel era un día importante. El primer cumpleaños de su bebé. Fue hacia la cocina, en el camino la saludó su reflejo. Un año. No será una emigrante, vivirá en paz, pensó. En la cocina, movilizó los ingredientes, puso el horno muy caliente. Ella decidiría cuándo se haría la tarta, aquello era algo que podía controlar. Fue al salón, a inflar globos. Bum. ¿Y si explota?, pensó. Las malas noticias siempre se presienten, se meten en los sueños y te echan de la cama a patadas. Bum, pensó de nuevo al ver el globo. Ping, sonó el móvil. Ya están aquí, escribía su hermana, en la patria abandonada a su suerte, lejos del cumpleaños de su bebé, y de la paz. Bum. Las malas noticas siempre se presienten.