La bicicleta

Abrió la verja, aparcó la bici, pero no se molestó en asegurarla. Entró al piso, se fue despojando de objetos y ropa camino del baño. Agua caliente. Salió secándose el pelo con la toalla. Abrió la nevera, cogió un trozo de la tortilla que había sobrado la noche anterior. Qué diferencia puede haber de un día a otro, pensaba mientras le daba un mordisco. La tortilla ya no estaba recién hecha ni a ella la esperaba ya un beso al llegar a casa.

Chapuzón

El sonido del agua al romperle  la tranquilidad con la zambullida.

Debajo de la superficie, sin desahogar la respiración.

Pensando en ti.

 

El sol, el agua y un pensamiento:

robarte un beso.

 

Sabor a echar de menos.

 

Inmersión de cuerpo entero.

Inversión de todo el tiempo libre.

Imaginándote cerca de mí.

 

El verano, la adolescencia.

El tiempo cambiando de velocidad.

 

Crecer es transformarse.

 

El verano sigue trayendo sol,

chapuzones y fantasías,

pero ya no me vale cualquier persona.

8 de marzo

Si no es feminista,

no te quiere.

 

No puede haber amor

sin respeto.

 

No puede haber cariño

si no te conoce.

 

No te puede conocer

si ve prejuicios cuando te mira.

 

Si hace comentarios machistas,

agradece la honestidad (o el despiste) y

SAL CORRIENDO

 

Guerra

Usamos palabras como guerra

sin pararnos a pensar en lo que significan.

 

Debería darnos escalofríos pronunciarla.

Deberíamos entender lo que duele

haber sentido el miedo en la piel;

no saber si vas a perder

a alguna de las personas más importantes

de tu vida

o la tuya propia.

 

Debería secársenos la boca al intentar emitir esos sonidos.

Deberíamos recordar la historia de Europa.

Los restos de las bombas enterrados,

Las cicatrices de balas en las paredes,

y en la memoria, y piel, de nuestras

abuelas y abuelos.

 

Debería parecernos la peor alternativa.

Deberíamos querer parar el mundo.

Dejar todo lo demás para después,

no vaya a ser que nos quedemos sin mañana.

Un 24 de febrero en Europa

Se levantó temprano, antes de que sonara la alarma, aquel era un día importante. El primer cumpleaños de su bebé. Fue hacia la cocina, en el camino la saludó su reflejo. Un año. No será una emigrante, vivirá en paz, pensó. En la cocina, movilizó los ingredientes, puso el horno muy caliente. Ella decidiría cuándo se haría la tarta, aquello era algo que podía controlar. Fue al salón, a inflar globos. Bum. ¿Y si explota?, pensó. Las malas noticias siempre se presienten, se meten en los sueños y te echan de la cama a patadas. Bum, pensó de nuevo al ver el globo. Ping, sonó el móvil. Ya están aquí, escribía su hermana, en la patria abandonada a su suerte, lejos del cumpleaños de su bebé, y de la paz. Bum. Las malas noticas siempre se presienten.

El café de las once, en el lugar de siempre…

Salgo a pasear un lunes a las once de la mañana por Vigo. El día empieza nublado, pero sin la neblina característica que echo de menos cuando estoy lejos; para quienes no conozcáis el puerto gallego, en Vigo, el día suele comenzar con el cielo cubierto y la humedad en el aire, pero el sol (casi) siempre se abre camino entre las nubes.

En estos momentos no vivo en Vigo, estoy de vacaciones, por eso doy un paseo a las once. En Estocolmo, donde resido y trabajo, no suelo interrumpir mi jornada laboral a esas horas para un café o un paseo, a no ser que sea para almorzar, no es extraño comer a esas horas tempranas en Suecia.

Voy dando mi paseo, veo lo llenas que están las calles, personas de todas las edades, y me pregunto por qué siento que hay más vida, más ruido en Vigo que en la capital sueca, cuando esta es tres veces más grande. Sigo paseando, observando, deleitándome en tener el espacio mental para fijarme en el ritmo al que baila la ciudad atlántica. Esa ciudad que considero mi hogar, esas calles por las que he caminado tantas veces. Qué lujo ver lo cotidiano transformado en exótico, poder contemplarlo con distancia.

Me siento en Barrio do cura, una cafetería ( y pastelería) que desconocía; pido un cortado. Me lo traen con un cruasán, y así empiezo a sonreír por las pequeñas diferencias entre estas dos ciudades de mi vida. La camarera me pone la taza con café solo delante y me lo transforma en cortado con su jarra de leche caliente, dándome la oportunidad de alterar la proporción estándar. Gracias, le digo, y dejo que me deje a solas con mis pensamientos.

Entonces, ¿por qué hay tanta gente en la calle a las once de la mañana?, tanta gente si lo comparamos con Estocolmo, bueno, no, con Malmö, o con alguna otra ciudad sueca de tamaño similar. No lo sé, pero se me ocurre que la gente sale a comprar el pan, a dar un paseo o a tomar un café a media mañana, interrumpiendo la rutina, dándole un toque de color a los horarios, haciendo suyo su barrio. Por ejemplo, me imagino dos personas que trabajan en la misma oficina, haciendo una pausa del oficio, para ir a una cafetería cercana y tomarse el café de las once, mientras que en Suecia, la pausa se haría dentro de la oficina, en la cocina o comedor. Se me ocurre también que entendemos los gastos (el dinero) de forma diferente, que a lo mejor el protestantismo sueco tiene algo que ver, pero eso mejor lo dejo para otro día que el cortado es corto y ya se me acabó.

Hoy pienso en ti

Hoy pienso en ti más de lo normal.

En tu risa, pícara.

En tus ganas de correr, jugar.

Pienso en el calor de tu abrazo.

El sonido de tu voz.

La vida es rara.

Bella, aunque a veces, dura,

pero es bella, preciosa.

La vida es un tesoro que se te quedó corto.

La vida también está en los recuerdos.

Esos que nos acompañan siempre.

Los días de sol y de lluvia.

Hoy pienso en ti.

Un poco más.

Miedo

El miedo es un sentimiento muy poderoso.

Te paraliza.

Te quita capacidad de expresión, poco a poco.

Primero las ideas, que ya no sabes cómo comunicar.

Luego los gestos.

Quiero poder ir de la mano con mi chica.

Quiero poder besarla en publico.

Quiero darlo por hecho.

Riesgo y éxito

Si quieres darle a tu hija las mismas oportunidades que a tu hijo, déjala arriesgar.

Las niñas tienen que poder apostar, caerse para aprender a hacer piruetas. Déjala que pruebe a improvisar para que descubra que no siempre hay que ir paso a paso, que los saltos acortan distancias, aunque a veces te caigas.

Las jóvenes tienen que poder fracasar para llegar a innovar. Si no puede escoger dejarlo todo para sacar adelante una idea, nunca sabrá hasta dónde esa idea era un proyecto viable. Y si las cosas no se tuercen a veces, no descubres tu capacidad de buscar soluciones.

El riesgo es el secreto de éxito. No le enseñes a conformarse, a ir a por lo seguro, porque nunca sabrá de lo que es capaz. Lo seguro no trae sorpresas, y las sorpresas son necesarias para aprender a adaptarse.

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#NoesNo

Era un niño dulce que jugaba al ajedrez.

Tenía madre, padre, y una hermana a la que vestían de colores pasteles.

Primero fue la madre que lo disculpaba cuando insultaba a su hermana.

Después fue el padre que lo obligaba a ser el más fuerte del colegio.

Después fue la abuela que le decía que hay cosas en que sencillamente los hombres son mejores que las mujeres.

Después fue el abuelo que no dejaba beber alcohol a su hermana, mientras a él le abría la cerveza.

Después fue la abuela que miraba con malos ojos a la hermana si cogía un trozo de carne grande, mientras a él le tocaba una porción doble.

Después fue el padre que alzaba la voz si alguien le llevaba la contraria.

Después hizo él lo mismo en la escuela, pero la maestra intentó corregir su comportamiento.

Entonces vino el padre y la madre, se enfadaron con la maestra, y a él hasta le hicieron un regalo.

Después fueron los amigos con los que consumía porno.

Después fue el padre que le repetía que él era mejor que todas las mujeres del mundo, él le daba la razón, primero entre risas, después con toda seriedad.

Después violó a su novia, ella lo dejó pero nadie le creyó cuando contó su historia.

Después él volvió a violar, y la justicia lo calificó de abuso.

Él siguió violando, y jugando al ajedrez.

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