Nos pusimos a hablar porque, bueno, estábamos ahí para eso; aunque la mayoría no se hubiese enterado y se empeñase en hablar solo con los pocos a los que ya conocía. No me cayó ni bien ni mal. Me hizo pensar en la tía Lola, que siempre decía que la indiferencia es peor que el odio. Resulta que, bueno, compartimos idioma y los pocos meses y menos amigos que teníamos en este país donde nos habíamos venido a buscar la vida. Me sentía en el compromiso de seguirle la conversación. Cuando nos despedimos, me pidió el número de móvil y me dio el suyo, ¿cuándo volvemos a quedar?
Esta historia es parte del proyecto de visualización queer Radicalxs Librxs: @radicalxs_librxs (Instagram)