Usamos palabras como guerra
sin pararnos a pensar en lo que significan.
Debería darnos escalofríos pronunciarla.
Deberíamos entender lo que duele
haber sentido el miedo en la piel;
no saber si vas a perder
a alguna de las personas más importantes
de tu vida
o la tuya propia.
Debería secársenos la boca al intentar emitir esos sonidos.
Deberíamos recordar la historia de Europa.
Los restos de las bombas enterrados,
Las cicatrices de balas en las paredes,
y en la memoria, y piel, de nuestras
abuelas y abuelos.
Debería parecernos la peor alternativa.
Deberíamos querer parar el mundo.
Dejar todo lo demás para después,
no vaya a ser que nos quedemos sin mañana.