Era un niño dulce que jugaba al ajedrez.
Tenía madre, padre, y una hermana a la que vestían de colores pasteles.
Primero fue la madre que lo disculpaba cuando insultaba a su hermana.
Después fue el padre que lo obligaba a ser el más fuerte del colegio.
Después fue la abuela que le decía que hay cosas en que sencillamente los hombres son mejores que las mujeres.
Después fue el abuelo que no dejaba beber alcohol a su hermana, mientras a él le abría la cerveza.
Después fue la abuela que miraba con malos ojos a la hermana si cogía un trozo de carne grande, mientras a él le tocaba una porción doble.
Después fue el padre que alzaba la voz si alguien le llevaba la contraria.
Después hizo él lo mismo en la escuela, pero la maestra intentó corregir su comportamiento.
Entonces vino el padre y la madre, se enfadaron con la maestra, y a él hasta le hicieron un regalo.
Después fueron los amigos con los que consumía porno.
Después fue el padre que le repetía que él era mejor que todas las mujeres del mundo, él le daba la razón, primero entre risas, después con toda seriedad.
Después violó a su novia, ella lo dejó pero nadie le creyó cuando contó su historia.
Después él volvió a violar, y la justicia lo calificó de abuso.
Él siguió violando, y jugando al ajedrez.