En uno de mis rincones favoritos de #Estocolmo para #pasear, #reflexionar, #crear, se encuentra el edificio en el cual vivió Nelly Sachs al refugiarse en #Suecia del nazismo. Selma Lagerlöf, una eminente escritora sueca (solía estar en los billetes de 20 coronas), la trajo al país escandinavo, salvándole así la vida, y dándole la oportunidad de seguir #escribiendo, y regalándonos #literatura y #empatía.
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Suecia es toda naturaleza
Suecia es toda naturaleza
Toda libertad
Espacios abiertos
Aire puro
Tierra limpia
Suecia es verde y azul
En verano
Es blanca y negra
En invierno
Se oculta por el otoño
Y sale tímida
En primavera
Suecia es grande
Y pequeña
Donde niñas y niños
Juegan
Aún dónde les queda
Suecia está llena de
Bosques y cuentos
De troles y senderos
Suecia tiene montañas
Altas
Y ciudades muy
Planas
Suecia está en mi mente
Y tú en mi corazón
Su bandera y tus ojos
Forman un lindo tricolor
Suecia
Tiene historia
Y pasado de varios colores
Y de ovarios
Y de lucha
Suecia tiene
Presentes
Para mí
De distinto tamaño
Suecia tiene
Mi futuro
En sus lagos
La isla
El sol me daba en la cara, ya habíamos llegado. Se me hizo corto el viaje, a pesar de que al principio me daba miedo, me asustaba el recorrido. El agua del mar, de un lago, de un río es mágica, inspiradora pero también puede ser traicionera y arrebatadora. Yo quería ir contigo y tú querías hacer ese viaje, así que me metí los nervios en la boca y me los tragué. Tú te sentías como… sirena en el agua y yo… yo le iba cogiendo gusto al vaivén de la canoa, y a que tú guiases nuestro camino aunque sentada detrás de mí.
Aún no te conocía, no de verdad. Aún tenía muchas preguntas por hacerte, muchas conversaciones pendientes. Sin embargo ya confiaba en ti, o al menos ya comenzaba a confiar en lo que yo siento por ti, por eso hago cosas que me dan tanto miedo como curiosidad… y hacerlas contigo garantiza el desempate una y otra vez. Yo remaba, sí, pero eras tú quien llevaba el timón.
Bajamos de la canoa, yo con demasiado cuidado y por eso casi me caigo. Tú con la rapidez y destreza de quien ha estado en esa canoa muchas veces, sola y acompañada. Tenía los nervios a cien, no sabía qué hacer, qué decir, mientras tú asegurabas la canoa y preparabas esa isla para que pudiésemos tomar el sol. Comida, pintura, lienzo…estabas haciendo de aquel paseo en canoa un momento para la historia, y además, le dabas ese toque de película que ha caracterizado nuestra relación desde el principio.
Quise ayudar, así que dispuse las frutas de manera que la gravedad y la morfología del durazno lo hicieron probar el agua del lago, pero tú lo rescataste, ágil y pronta en el reflejo, como reflejo de tu rostro se creaba en el agua al recoger la fruta extraviada.
Yo miraba todo mi entorno con ojos curiosos. Era mi primera vez. En una isla así de pequeña, en un lago sueco, una tarde de verano, sintiendo el sol en la piel, teniéndole ganas a su calor y al de tu cuerpo. Como si ya no hubiese sido idílico el momento, sacaste tu bloc de lienzos y comenzaste a dibujarme, con carboncillo, a mí. Cada vez que parpadeaba sentía el sol, la brisa, el olor de la naturaleza, tu aroma, el sonido del agua, de barcos a lo lejos… estábamos en el paraíso.